Cuando me la pongo en el hombro, aguantándola con el brazo derecho y el izquierdo en su espaldita, le rasco, le acaricio suavemente, es t-a-n suave como un melocotón de viña aterciopelado.
A veces rechista un poco, pero dándole unos pequeños movimientos se calma, la siento respirar, me mira, nos miramos de reojo, le doy besos..
Estos últimos días, se queda dormida ahí, en mi hombro. Camino arriba y abajo por el pasillo, cuando paso por la puerta de entrada, miro los espejitos que hay y así la puedo ver, veo que sigue con los ojos abiertos o que quizá ya está dormida, me cuesta verla, nuestros mofletes están juntos.
Suspira suavemente, la respiración ya es regular y monótona y noto como su minúsculo cuerpecito va siendo atraido por la gravedad, cada vez más lacio. Me relajo en el sofá o me estiro con ella, sigue dormida, ya no mira, ni nos miramos, solo estamos.
Tens un premi al meu blog:
ResponEliminahttp://emociovioleta.blogspot.com